Exposición fotográfica de
en Cunit (Tarragona)



Cartel anunciador de la exposición





Invitación



El pasado sábado, día 13 de noviembre, se celebro en la Sala de Exposiciones del Centro Cívico “Cal Cego” de Cunit (Tarragona) la inauguración de la exposición fotográfica NatuaLmente de nuestro ex presidente y socio de honor de la RESFZ, Ángel Duerto Oteo.
El acto tuvo lugar dentro del cálido ambiente del centro, una antigua masía de 1849, rehabilitada y recuperada por el Ayuntamiento como espacio cultural. Destacó la presencia de las principales autoridades municipales y culturales de la villa, en primer lugar abriendo el acto pronunció unas palabras doña Carmen Díaz Rite, Coordinadora del Área de Relaciones Ciudadanas del Ayuntamiento de Cunit quien excusó la usencia de la Ilma. Sra. Alcaldesa Doña Judith Alberich por motivos de salud. También se encontraban presentes en el acto el señor don Joan Escardó, Regidor de Empleo y Turismo y otros miembros de la Corporación. Estuvieron también arropando al artista, familiares, amigos y un numeroso público, entre los que se encontraban la mayoría de directivos y socios de la Associació Fotogràfica de Cunit. Precisamente fuel el Presidente de dicha agrupación, don Fulgencio Toledo quien continuó la presentación glosando la figura de Ángel Duerto y haciendo un breve resumen de su larga y destacada trayectoria artística.
A continuación tomó la palabra el propio artista agradeciendo la presencia a todos los asistentes y haciendo un sucinto e interesante recorrido por la Historia de la Fotografía desde la primera toma heliográfica de J.N. Niépce, pasando por la evolución de los diferentes procesos foto-químicos, para culminar en la actual tecnología digital. Sin restar ningún valor a la aportación de las últimas tendencias multidisciplinares audiovisuales, defendió y recalcó el valor artístico de la “fotografía pura” como medio de la expresión intemporal. Seguidamente le dedicaron unas cariñosas palabras varios miembros de la Junta Directiva de la Associació Fotogràfica de Cunit, resaltando el honor que ha supuso para ellos contar con su presencia en diferentes eventos y los sabios consejos que reciben de Ángel, al que todos allí llaman “el maestro”. Destacó la efusiva intervención de doña Ramona González y los comentarios de Sergey Odintsov, que además de vicepresidente, es uno de los más jóvenes valores de la agrupación.
Como colofón, se tomaron algunas fotografías que reproducimos aquí gracias a la amabilidad de don Salvador Aleman, de la Agrupació Fotográfica de Catalunya, y concluyo el acto inaugural con un brindis con cava del país.

La exposición permanecerá abierta al público hasta el
próximo día 30 de noviembre de 2010.
Horario:
Lunes a viernes de 16 a 21 h.
Centre Civic “Cal Cego”
c/ Ponent, 1
CUNIT (Tarragona)



Doña Carmen Díaz Rite, Coordinadora de los Centros Cívicos de Cunit, dirigiendose al público asitente en la presentación del acto inaugural.

 


En primer plano de izda. a dcha. don Fulgencio Toledo, presidente de l’Associació Fotogràfica de Cunit, don Ángel Duerto dirigiendose al público asistente y don Salvador Aleman de la Agrupació Fotogràfica de Catalunya.

 



Ángel Duerto acompañado de su esposa doña Pilar Carretero y sus hijos Ángel Duerto Riva y Ana del Carmen Jordán Cólera

  
 

El huerto lírico
Se presenta en esta exposición una selección de obras del acreditado fotógrafo aragonés Ángel Duerto.
     Se trata de fotos de la era predigital, aunque, permítaseme la broma, los retoques estén hechos con los dedos, la mayoría directamente sobre el negativo. Bastantes de ellos son parecidos a los que se hacen hoy día con los programas informáticos. También en el cine de los pioneros había muchos efectos –alguno de ellos descubierto por pura casualidad, como el truco de parada cuyo origen explica Méliès en un libro de recuerdos– que después han sido reelaborados con técnicas digitales. La diferencia entre las fotos actuales y las que componen la exposición reside en el hecho de que hoy día con unas pocas horas de uso de un programa de tratamiento de imágenes se consiguen resultados vistosos, mientras que, entonces, conseguir los resultados logrados por Duerto implicaba una gran pericia, amén de un finísimo trabajo artesanal. Estos dos ingredientes son, a menudo, la antesala de muchas grandes obras.

     La mayoría de las fotos son paisajes que parecen cifrar escenarios vitales, emociones, sentimientos. En ellos la naturaleza se moldea como si de un ámbito interior se tratara. La mirada de Ángel Duerto no es la de un naturalista, sino la de quien mantiene un difícil equilibrio entre la realidad observada y la realidad recreada, la realidad vista y la proyectada, entre el movimiento de recibir del exterior y el de reintegrar, reelaborado, lo visto, en una conflictiva dialéctica que evita la cosificación del paisaje gracias a una reinterpretación lírica. Más que humanizar el paisaje, se tiene la sensación de que el artista paisajiza su interior, como si sus fotos fueran el fruto de un esfuerzo por simbolizar su subjetividad a través de la naturaleza. En cierto sentido, podríamos decir que son una particular e inconsciente recreación de su propio mundo, realizada sintéticamente, codificando las emociones a través de las imágenes, si por tal entendemos lo opuesto a una lectura analítica, interpretativa de uno mismo. Un proceso semejante está presente en casi toda creación artística, pero en el caso que nos ocupa, dado que se trata de imágenes eminentemente líricas, me parece particularmente significativo.

     Desde el punto de vista formal, la base recurrente sobre la que se apoya Duerto son las notas de color, dadas con tanto tino, y esas agridulces e irregulares geometrías, integradas con frecuencia en una estructura en tres niveles desiguales –que a veces es rígida y otras se desdibuja–, una tendencia al orden imperfecto. Sus fotos están pobladas de una vegetación árida que se resuelve en manchas de tonalidades delicuescentes, a caballo entre la foto y la pintura, la figuración y la abstracción, la intención y la casualidad de los efectos, los retoques.

     Sobre lo concreto que celan, la emociones, las imágenes reales o ensoñadas, las peripecias vitales que han llevado al artista a darles esa forma, una vez entendido el mecanismo creativo general, poco cabe decir, pertenecen a un mundo que sólo podemos entrever y por el que hasta cierto punto no debemos interesarnos. Qué importa que los matojos parezcan enmarañados sexos femeninos o que ese ojo, por cierto, el único rasgo humano que he conseguido distinguir, signifique algo concreto. Resulta indiferente descender a esas minucias. Lo importante es seguir la onda del proceso creativo, esperar que se produzca una comunicación mágica entre la obra y el espectador, esa que permite entender sin palabras, que hace caer en la ensoñación mediante la caricia del color, o por el contrario, aumenta la desazón que produce lo larvado, lo subterráneo. Si comprendemos que estas obras se asientan sobre un magma de sensaciones, recuerdos, intuiciones, quizá sintamos el melancólico esfuerzo –así lo veo yo, por ejemplo, a la luz tibia de esas lunas o soles nocturnos– que supone realizarlas y tal vez podamos apreciar la exposición como un particular huerto cultivado en el que la voz primaria de alguien se hace oír.
     Imágenes intensas, bajo las que un mundo interior late con un ritmo insistente, hipnotizador. Si notamos ese difícil equilibrio entre la fuerza y la técnica, habremos conseguido establecer un diálogo fructífero con el artista, un diálogo parecido al que él entabló con la naturaleza, consigo mismo. Árboles, flores, plantas, un perro, que están fuera y dentro, que son íntimos y de nadie, reelaborados con mimo, poniendo de manifiesto que lo importante no es llegar lo más rápido posible, sino saber ver las flores que cubren las vías de nuestro tren, y que, incluso, alguna rara vez, la realidad y el deseo se funden sin retoques.

                                                                                   Javier BROX

 
 
Información facilitada por don Ángel Duerto Riva.